Vulcano Ultra Trail 80K – 2014

Ufff! qué difícil empezar a escribir sobre mi primer 80K. Después del Endurance Challenge 50K de Octubre, me había sentido algo cansado, pero no físicamente, sino cansado de seguir una planificación, cansado de la disciplina que implica una preparación para correr un ultra. Gracias a un par de entrenamientos por sensaciones me pude reponer y alcancé a realizar una buena recuperación y posterior preparación para mi primer 80K.

Llegábamos a Puerto Varas junto a Carolina, mi novia y siempre fiel compañía en estas locuras del cerro, ella me ayuda a calmar la ansiedad y a confiar en todo lo que he entrenado. Salí de Puerto Varas junto a mi padre, y dos amigos Borja y Marco, a eso de las 1am, la carrera empezaba a las 3am, y aunque me faltó algo de sueño, iba con muchas ganas de comenzar y ver que tanto era lo que tenía para enfrentar estos 80K.

vut_07Partimos. La largada fue rápida hasta la Quebrada Jurásica (4-5K), tan rápida que Borja, un gran amigo, venía pisándome los talones incluso queriendo adelantarme, pero el terreno le hacía imposible correr constante. En combinación de escalada, caminata y trote, seguía avanzando en medio de la noche, dejando a Borja rezagado. Empezábamos a subir hacia Desolación, junto al Seba Machuca que corría con sus Five Fingers, uff impresionante. El lugar, con la luna llena de fondo y algunas nubes daban la imagen perfecta para el nombre de aquel lugar: Desolación. El viento se hacía presente así que me abrigué con el cortaviento, lo compré una talla más grande con la idea de utilizarlo encima de la mochila, así es más rápido sacarlo o volverlo a colocar.

La subida se hacía más lenta de lo planificado, el terreno no era muy amigable, y salvo en algunas ocasiones, la subida hasta La Picada (13,1K) no te dejaba correr. La neblina del lugar, la oscuridad, los flashes de fotografías, las luces de los frontales, pintaban una imagen difícil de olvidar. Llegaba a los 1340 msnm en 2h20m y me daba cuenta de que mi programación de tiempos y de llegar en 12h30m se iba directamente al carajo. El terreno era totalmente incómodo para correr y la carrera era más técnica de lo que recordaba del 2013. Pasando el chequeo de la Punta Picada, bajamos rápidamente tanto en velocidad como en desnivel, bajando 1.000 metros en 8K por arena volcánica muy blanda y especial para tirarse sin miedo al golpe tan duro en las articulaciones, además se combinaba con sectores donde realmente puedes correr, y correr rápido, aunque la arena inundaba las zapatillas y te obligaba a parar para sacarte piedras a pesar de llevar puestas las polainas.

Llegamos a bosque previo al lago y el terreno daba para avanzar rápido, me pego con Marcelo Rojas y Sergio Sariego, una excelente dupla para poder marcar ritmo y correr, sin miedo a los más de 50K que quedan por delante incluidos 2 KVs. Llegábamos al PAS del 30K en 4h20m, aprovecho de cambiarme de ropa, me saco las patas 3/4 y me pongo un short de KMP, dejo el cortaviento en la mochila, me cambio polera, el buff sale y entra el gorro de TrailChile (Gracias Matías!). Mirando el abastecimiento, había de todo, relleno mis botellas, una con jugo y otra con sales rehidratante (Reshal, en cualquier farmacia las venden, pidan de las para niños que vienen en sobres de 500 ml justo para una botella). Antes de salir, busco algo para comer y pruebo con una papa cocida, me la llevo conmigo cuando salgo a enfrentar la Roca Vulcano, 1.000 metros más arriba y sólo a 7K de distancia.

El 2013, la subida a Roca Vulcano significaron los primeros 8K de mi carrera, sabía lo que estaba enfrentando y sabía que se venía dura, así que salí a un pequeño paso, trote lento pero trote al fin. Voy solo ahora, soy yo y esa subida infernal. Me mentalizo en mantener el ritmo, de seguir subiendo y subiendo, a los 3K veo a Mario que viene de vuelta retirado de la competencia por dolores estomacales me dijo, me regala un par de pedazos de plátano, que me como de inmediato. Sigo subiendo, levanto la cabeza y veo a unos 4 corredores por delante que ya muestran signos de fatiga y de “puta que es cabrona esta subida”, entre ellos Fernando Pérez, que al pasarlo me grita: “Que te ves fresco hombre”… me alienta a seguir y a no bajar el ritmo, el 2013 había logrado subir en 1h36m, y este 2014 con 30K más en las piernas llegaba tras 1h43m de ascenso, muy bien, muy feliz, creo que fui uno de los pocos que puede decir que de verdad disfruté de la subida a Roca Vulcano, simplemente me sentía muy bien.

vut_03La bajada también quería disfrutarla y ya venía con Nelson, un corredor de Melipilla que se pegó y bajo el “siempre es mejor correr un ultra acompañado” seguimos rumbo de vuelta al lago. Con un par de metros delante de Nelson, llegamos al PAS Aluvión, prácticamente la mitad de la carrera (44K) con 7h10m. El correr se hacía fácil, a pesar de dirigirnos ya al 50K, pues el río Petrohué nos regalaba una buena distracción con su tremendo color turquesa. Yo estaba feliz, fascinado entre tanta naturaleza, y tranquilidad, además ya sabíamos que Marlene no iba muy lejos, en el último PAS nos dijeron “15 minutos adelante”, así que si apretábamos, le podrías dar caza…. Jajajaja, qué ilusos. Llegamos al 50K exactamente en 8 horas (PAS Solitario), y muy bien de ánimo, aunque las piernas sentían un poco todo lo recorrido. Recargamos y nos alimentamos muy bien, se venían 15 km sin abastecimiento y con el último kilómetro vertical que enfrentar: la Cima Verruga. Salimos usando la misma estrategia, yo adelante marcando ritmo y Nelson atrás haciendo presión para no disminuirlo.

En pocos minutos llegamos al retorno de los 64K, ¡¡qué suerte la de ellos!!, retornar a esa altura hubiese sido un gran regalo de Navidad por adelantado, pues lo que se venía no era muy agradable ni para las piernas ni para mi cabeza. Estimamos entre 1h40m a 2h el tiempo hasta la Cima Verruga, ubicada en el 58K y a 1.060 msnm desde el PAS Solitario. La pendiente subía a cada metro, y ya las ganas de correr eran sólo eso, ganas, pues no podía correr más. Me empezó a inundar una desesperación por no aflojar, por no decaer y seguir aguantando, más aún cuando veía en mi reloj que los kilómetros no avanzaban y seguía pegado en los 50 y tantos… ufff! qué cantidad de kms me quedan por delante y yo ya no quiero más. Le comento a Nelson que estoy destrozado, que ya no puedo más, y aunque él decía que igual venía medio tocado y con dolor en las piernas, no se le notaba tanto como a mi. Se puso adelante y fue él ahora quien llevaba el ritmo, sus bastones lo ayudaban a subir con mayor eficiencia, creo que puedo ser más rápido que alguien que usa bastones, pero en la condición en que me encontraba, era imposible. Silencio! Traté de hacer un bloqueo en mi cabeza, de no dejar que esas estupideces de retirarse, de dejar todo aquí, me hicieran tomar una decisión que más tarde podría lamentar, estaba bien, sólo muy agotado y el agua disminuía rápidamente de mis botellas. Por fin vemos la última subida, les juro que parecía una pared frente a nosotros, gigante e indómita. Sin detenernos, seguimos subiendo, a ritmo muy lento, pero lo suficiente para alcanzar la cima en unos 30 minutos y eso que quedaban sólo 1,5K. Llegamos a la bandera de la cima, por fin descansé, y pedí que me marcarán el pasaporte, cuando en la respuesta me encuentro con un: “acá no es la marca, 200 metros más arriba te marcan”…. noooooo!, no quería más guerra, pero qué más daba a esa altura, a seguir subiendo.

vut_05Empezamos a bajar y ya claramente mis piernas no respondían, Marlene se nos había alejado lo suficiente como para intentar hacer un ataque, aunque el Ave Fénix aparecía en nuestro horizonte. Allá iba, 5 minutos delante de nosotros en el 62K. A esa altura, para todos la carrera había sido muy dura y técnica, así que los mejores preparados de cabeza eran los que harían la diferencia. Sigo bajando a un ritmo lento, el agua se me acaba y me desespero por llegar al siguiente PAS, pero en medio de la bajada, una chica del staff me advierte que tengo 4K hasta el siguiente, suponía yo que las subidas ya no eran parte del recorrido faltante, pero paff! de nuevo una sorpresa más, el camino hacia el PAS del 65K era bastante sinuoso, subidas de unos 10-20 metros que no podía correr en ese estado, me detenía a descansar, pero los tábanos, mosquitos y varios insectos me hacían imposible permanecer quieto más de 5 seg. Tenía que continuar. Nelson ya me había dejado atrás hace varios kms, aparecía de repente entre el bosque. Me frustro por el esfuerzo de él de esperarme, sé que podría haberse ido y haberme dejado atrás, pero siento que en el cerro la cordialidad, empatía y compañerismo se viven a full. Trato de correr y hacer el esfuerzo de avanzar más rápido por no defraudar a Nelson, poco a poco vuelven las fuerzas, sobretodo cuando vemos el PAS al final del camino de cemento al que habíamos llegado. 67K y por fin podía tomar agua y comer algo. Estaba muy destrozado, no sabía como correría los últimos 15K.

En estos momentos me ayuda poder contactarme con los míos, así que saco mi celular y aprovechando la señal, llamo a Carolina, le digo que voy cansado, pero que avanzo y avanzo, que no me voy a quedar ahí, como diciéndomelo a mi mismo, y doy todo por ella, mi madre también me anima vía mensaje, al igual que mi padre. Con tanta gente esperándome, con tanto esfuerzo que ha hecho ella por estar ahí, por tanto tiempo y kms en entrenamiento, no podía, no podía admitir que todo se acabara ahí.

Me repongo y decidimos intentar correr por el sendero que nos llevaría de vuelta al PAS Solitario, 5K más adelante. Ya bastaba de caminar, el sendero tenía pequeñas subidas y aunque costaba, las hacía trotando, en las bajadas me relajaba y dejaba que la gravedad ayudara a mis piernas a seguir. El sendero lo logramos aprovechar, volvemos a pasar por el retorno de los 64K, cuando una chica que corría esa distancia coincide con nuestro pasar y se pega. Los tres bajábamos sin deternos y con rumbo fijo hacia Solitario, llegando allí en 12h 40m y 72,5K. Eso quería decir que los últimos 22 kms los habíamos corrido en 4h40m…. estuvo realmente duro.

vut_02Salimos de Solitario a enfrentar los últimos 10K a la meta, faltaba tan poco, que decidimos con Nelson tratar de apretar un poco. Aprovechamos el plano para marcar un poco de ritmo, y lo logramos, aunque a los pocos kms nos desvían hacia el PAS Aluvión y a una subida de unos 200 metros. Aunque al principio no lograba trotar y sólo apelaba a la caminata, decidí no rendirme y a gastar todo lo que me quedaba, y troté. Nelson se me había escapado unos 100 metros y cuando yo llegué al PAS, él acababa de salir, queríamos bajar las 14 horas, y de seguro él iba en tiempo, yo al menos, ya me había entregado a sólo llegar.

La meta estaba cerca, se notaba porque había más gente alentándote y dándote fuerzas para seguir.. “si queda tan poco, vamos vamos!” escuchaba. Los últimos 3K me acompaña la tremenda Karina Palomino, me da un mensaje de Carolina, que dijo que cuando veas a Felipe, dile: “Corre CTM!” Algo que siempre le pido que me diga. Veo las escaleras que te llevan al hotel, luego giramos por la playa y la meta era mía… Lograba cruzar la meta en unas hermosas 14:08:06, tiempo más que genial para mi primer 80K en las faldas del Volcán Osorno.

No puedo dejar de mencionar una vez más, todo lo agradecido que estoy de este deporte, de las personas que me rodean, de los que se preocupan cada vez que voy al cerro, de los que me acompañan. En especial de Carolina, gracias por tu paciencia, por tu compañía, por tu apoyo… Sin ti sería todo más difícil.

Gracias por leerme.

Les dejo el recorrido en Strava para ver detalles:

Felipe Duarte

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